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Consejos para clavar clavos

Nail and hammer

Los que no somos muy manitas solemos delegar cualquier tarea de bricolaje en amigos y profesionales. Y es que en ocasiones, hasta clavar clavos puede resultar una tarea complicada si no tenemos muchos conocimientos ni las herramientas adecuadas.

Tanto el martillo como los clavos son dos elementos que nunca pueden faltar a la hora de realizar las pequeñas tareas de bricolaje doméstico. En ocasiones, aunque parezca mentira, no se utilizan del todo bien. Y es que recurrimos muchas veces a los materiales que tenemos por casa sin pararnos a pensar si son lo más adecuados.

El martillo a usar es el de carpintero, que tiene un peso entre los 300 y 400 gramos y que cuenta con la cabeza plana. En el caso de que tengamos uno con la cabeza redonda o curva, lo más probable es que esté pensado para labores de mecánica y no es recomendable.

En cuanto a los clavos hay una gran variedad de ellos, que dependen sobre todo de la forma y el tamaño. El clavo clásico, el de la cabeza plana, servirá para unir dos superficies. Su grosor dependerá de los materiales sobre los que trabajemos. En otras ocasiones, cuando pretendamos que el clavo pase desapercibido, lo mejor es usar uno de cabeza perdida. Al pintar o lijar la superficie resultará imperceptible. Si queremos colgar un cuadro nos decantaremos por uno de cabeza redonda. Es el mejor porque no se deslizará. Podrás decorar tu hogar con un cuadro.

Una vez que nos pongamos a trabajar, es normal que la madera se empiece a abrir con los primeros martillazos. Para evitar algunos problemas es mejor realizar un pequeño agujero con la ayuda de un punzón o con el mismo clavo en el punto exacto donde lo vamos a poner.

En el caso de que el clavo tenga un tamaño muy reducido y no queremos golpearnos los dedos al martillear, lo mejor es sujetarlo con los alicates en vez de con la mano.